martes, mayo 16, 2023

ZAKE WEB

 


The South Bank Show: J.G. Ballard (ITV, 2006) - J. G. Ballard: El peligro de un futuro sin imaginación





Melvyn Bragg and Ballard discuss his experiences as a medical student (encouraging everyone to spend some time studying anatomy), through to his discovery of science fiction. Ballard talks about the influence of the Surrealist painters on his early novels, which all dealt with natural catastrophe (The Drowned World, The Crystal World, The Drought) and the death of his wife and the effect this had on his fiction. They talk also about Crash, Ballard's most controversial novel, which inspired one publisher's reader to write "This author is beyond psychiatric help. Do not publish" - which Ballard took as a huge compliment! Ballard in turn talks about the obsessions that have distinguished his fiction since he first started writing, the nature of his "cautionary tales" and his new book, Kingdom Come. Contributors include long-time Ballard fans Will Self, Iain Sinclair and Martin Amis, with Self claiming that Ballard is "this country's most significant post-war novelist." http://tomasolano.com.ar James Graham Ballard (18 de noviembre de 1930 - 19 de abril de 2009 ) fue un escritor británico de ciencia ficción. Un gran número de sus escritos describen distopías. Sus primeros cuentos datan de 1956 y en los años 60 se convierte en uno de los autores de referencia de la llamada nueva ola de la ciencia ficción inglesa. Su literatura desarrolla la problemática del siglo XX, ya sean las catástrofes medioambientales o el efecto en el hombre de la evolución tecnológica. En su primera novela, El mundo sumergido (1962), imagina las consecuencias de un calentamiento global que provoca que los casquetes polares se derritan. Le siguieron El viento de ninguna parte (1962), La sequía (1965) y El mundo de cristal (1966), ambientada en un área boscosa de África occidental que está, literalmente, cristalizándose. En 1973 publicó Crash, una meditación turbadora y explícita sobre la relación entre el deseo sexual y los coches, y que provocó un un tenso debate sobre los límites de la censura contra la «obscenidad» cuando David Cronenberg la adaptó al cine en 1996. La película estuvo a punto de no poder ser estrenada en Inglaterra.[cita requerida] Tras Crash llegaron La isla de cemento (1974), Rascacielos (1975), Compañía de sueños ilimitada (1979) y Hola América (1981). En 1984 Ballard llegó a un público mucho más amplio con la obra autobiográfica El imperio del sol, la historia de un niño en tiempos de guerra, que luego continuó en La bondad de las mujeres (1991). El día de la creación, otra novela situada en África, se publicó en 1987 y Desbocado en 1988. Sus siguientes novelas fueron Fuga al paraíso (1994), un relato apocalíptico que transcurre en un atolón del Pacífico, Noches de cocaína (1996) y Super-Cannes (2000), ambas reelaboraciones de la novela negra clásica en una decadente Costa del Sol, la primera, y en la Riviera, la segunda. Ballard fue también un autor de relatos muy prolífico y, en 1996, apareció su colección de ensayos y reseñas Guía del milenio para el usuario.



J. G. Ballard: El peligro de un futuro sin imaginación




miércoles, mayo 10, 2023

ONIX y su EP de 2022 llamado BITÁCORA

En este nuevo episodio de Rock Uruguayo Podcast presentamos el nuevo proyecto de Daniel Tomikian y Rafael Sienra, ONIX y su EP de 2022 llamado BITÁCORA. Producción Gustavo Cedrés y Fabio Orizia Portada Daniel Turcatti 

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lunes, abril 24, 2023

Verano de I.A

¿El problema de la inteligencia artificial? 

No es ni artificial ni inteligente. por Evgeny Morozov

Publicado el 30 de marzo de 2023 en The Guardian 

Retiremos este término trillado: mientras que ChatGPT es bueno en la comparación de patrones, la mente humana lo hace mucho mejor. Elon Musk y el cofundador de Apple, Steve Wozniak, firmaron recientemente una carta en la que pedían una prórroga de seis meses en el desarrollo de sistemas de IA. El objetivo es dar tiempo a la sociedad para que se adapte a lo que los firmantes describen como un “verano de IA”, que creen que en última instancia beneficiará a la humanidad, siempre que se establezcan las medidas de seguridad adecuadas. Estas barreras incluyen protocolos de seguridad rigurosamente auditados. Es un objetivo loable, pero hay una manera aún mejor de pasar estos seis meses: retirar la trillada etiqueta de “inteligencia artificial” del debate público. El término pertenece al mismo montón de conceptos tirados al vertedero de la historia que incluye “cortina de hierro”, “teoría del dominó” y “momento Sputnik”. Sobrevivió al final de la guerra fría debido a su atractivo para los entusiastas e inversores de la ciencia ficción. Podemos darnos el lujo de herir sus sentimientos. En realidad, lo que hoy llamamos “inteligencia artificial” no es ni artificial ni inteligente. Los primeros sistemas de IA estaban fuertemente dominados por reglas y programas, por lo que al menos estaba justificado hablar de “artificialidad”. Pero los de hoy, incluido el favorito de todos, ChatGPT, obtienen su fuerza del trabajo de humanos reales: artistas, músicos, programadores y escritores cuya producción creativa y profesional ahora se apropia bajo la excusa de salvar la civilización. En el mejor de los casos, esto es “inteligencia no artificial”. En cuanto a la parte de “inteligencia”, los imperativos de la guerra fría que financiaron gran parte del trabajo inicial en IA dejaron una fuerte huella en cómo la entendemos. Estamos hablando del tipo de inteligencia que sería útil en una batalla. Por ejemplo, la fuerza de la IA moderna radica en la coincidencia de patrones. No es de extrañar dado que uno de los primeros usos militares de las redes neuronales, la tecnología detrás de ChatGPT, fue detectar barcos en fotografías aéreas. Sin embargo, muchos críticos han señalado que la inteligencia no se trata solo de la coincidencia de patrones. Igualmente importante es la capacidad de hacer generalizaciones. La obra de arte Fountain de Marcel Duchamp de 1917 es un excelente ejemplo de esto. Antes de la obra de Duchamp, un urinario era solo un urinario. Pero, con un cambio de perspectiva, Duchamp lo convirtió en una obra de arte. En ese momento, estaba generalizando sobre el arte. Cuando se generaliza, la emoción anula las clasificaciones arraigadas y aparentemente “racionales” de ideas y objetos cotidianos. Suspende las operaciones habituales, casi mecánicas, de coincidencia de patrones. No es el tipo de cosas que quieres hacer en medio de una guerra. La inteligencia humana no es unidimensional. Se basa en lo que el psicoanalista chileno del siglo XX Ignacio Matte Blanco llamó bi-lógica: una fusión de la lógica estática y atemporal del razonamiento formal y la lógica contextual y altamente dinámica de la emoción. El primero busca las diferencias; el último se apresura a borrarlos. La mente de Marcel Duchamp sabía que el urinario pertenecía a un baño; su corazón no. La Bi-lógica explica cómo reagrupamos las cosas mundanas de maneras novedosas y perspicaces. Todos hacemos esto, no solo Duchamp. La IA nunca llegará allí porque las máquinas no pueden tener un sentido (en lugar de un mero conocimiento) del pasado, el presente y el futuro; de la historia, de lo que hiere o de la nostalgia. Sin eso, no hay emoción, privando a la bi-lógica de uno de sus componentes. De este modo, las máquinas quedan atrapadas en la lógica formal singular. Así que ahí se va la parte de “inteligencia”. ChatGPT tiene sus usos. Es un motor de predicción que también puede funcionar como una enciclopedia. Cuando se le preguntó qué tienen en común el botellero, la pala de nieve y el urinario, respondió correctamente que todos son objetos cotidianos que Duchamp convirtió en arte. Pero cuando se le preguntó cuáles de los objetos de hoy en día Duchamp convertiría en arte, sugirió: teléfonos inteligentes, scooters electrónicos y máscaras faciales. No hay indicios de ninguna “inteligencia” genuina aquí. Es una máquina estadística bien administrada pero predecible. El peligro de seguir usando el término “inteligencia artificial” es que se corre el riesgo de convencernos de que el mundo funciona con una lógica singular: la del racionalismo altamente cognitivo y de sangre fría. Muchos en Silicon Valley ya creen eso, y están ocupados reconstruyendo el mundo influidos por esa creencia. Pero la razón por la cual las herramientas como ChatGPT pueden hacer cualquier cosa, incluso remotamente creativa, es porque sus conjuntos de entrenamiento fueron producidos por humanos realmente existentes, con sus emociones complejas, ansiedades y todo. Si queremos que esa creatividad persista, también deberíamos financiar la producción de arte, ficción e historia, no solo los centros de datos y el aprendizaje automático. Eso no es en absoluto hacia donde apuntan las cosas ahora. El riesgo final de no retirar términos como “inteligencia artificial” es que harán invisible el trabajo creativo de la inteligencia, mientras que el mundo será más predecible y tonto. Entonces, en lugar de pasar seis meses auditando algoritmos mientras esperamos el “verano de la IA”, también podríamos ir y releer “Sueño de una noche de verano” de Shakespeare. Eso hará mucho más para aumentar la inteligencia en nuestro mundo.

miércoles, marzo 15, 2023

Mario Levrero - Diario de un canalla

MARIO LEVRERO / UNO DE NOSOTROS - Mondoescrito Mondoescrito

Episodio 1

Episodio 2

Episodio 3

Episodio 4

Información:

Leer es un placer, con la conducción de Natu Poblet y la participación de Carlos Clerici. Trasnoche de viernes, de 00hs a 2 am, por Radio Nacional Clásica, FM 96.7 

Información adicional: 

Leer es un placer, programa conducido por Natu Poblet con la participación de Carlos Clerici, desde 1995, está esencialmente dedicado a la lectura de cuentos, poemas o fragmentos de novelas con el objeto de estimular en los oyentes el hábito de la lectura. El programa se completa con la presencia de escritores de nuestro país o extranjeros de paso por Buenos Aires, que tienen así la oportunidad de comentar sus propios textos. Además se realizan programas monográficos sobre determinado tema o autor con especialistas invitados, teatro leído por actores, entrevistas vinculadas con la cultura y el libro, tanto del ámbito oficial o privado, y se anuncian a lo largo del año todas las actividades que tengan que ver con la difusión del libro y promoción de la lectura. Producción: Silvana Avellaneda Asistencia de contenidos y prensa: Malena Saito Diseño & Imagen: Magdalena Siedlecki.

lunes, enero 30, 2023

Lautréamont y Shishaldin

MINGHUN

Matrimonio después de la muerte

La artista neoyorquina Shishaldin, solicitó formalmente al gobierno de Francia, mediante una carta a su presidente Jacques Chirac, el permiso para casarse póstumamente con Isidore Ducasse.

El minghun es una tradición rural China poco conocida. El término significa “ceremonia de boda oscura o infernal”. Existía ya desde los tiempos de la segunda dinastía China (1766-1122 a.C.). También es conocida con los términos chinos de qianzang que significa reentierro o jiashang que significa casar a los que han muertos jóvenes. A pesar de los esfuerzos del régimen comunista por erradicar dicha práctica, sigue existiendo todavía hoy día.

La cultura china ha practicado, desde épocas antiguas, el culto a los antepasados, que consiste no sólo en honrar a sus muertos; sino también en procurarles bienestar en su “otra vida”. Podemos apreciar un ejemplo de estas costumbres en la tumba del primer emperador Qin Shi Huang, que contenía una reproducción de  su palacio,  rodeado de su ejército hecho de terracota.


El matrimonio, según la tradición china, proporciona paz y felicidad a los hombres, así que morir soltero es una desgracia, por lo que la familia del difunto deberá hacer todo lo posible para brindarle una compañera para la vida eterna. Esta esposa es popularmente conocida como “novia fantasma”. Los padres del occiso buscan a una familia que haya perdido recientemente a una hija con el fin de que compartan la vida de ultratumba.

Una vez acordada la unión de los novios y el intercambio de presentes, se procede a desenterrar a los novios para realizar la ceremonia de bodas: ritual de matrimonio, música, fiesta, comida, todo tal cual si se tratara de una boda entre vivos, para terminar con el nuevo enterramiento en conjunto y que pasen una luna de miel eterna en el ‘Más Allá’.

Si al momento de fallecer no hay una pareja disponible o los padres no  tienen el dinero suficiente para la fiesta y los presentes de boda, el hijo es enterrado con una figura hecha de paja o de tela, que representa  a una novia y que será intercambiada por una de carne y hueso cuando sea posible.

Hoy día, algunas personas han visto en esta tradición un negocio seguro, y se han dedicado a desenterrar cadáveres de jóvenes sin el consentimiento de sus familiares y los han vendido a familias con un hijo muerto soltero, fijando el precio de acuerdo con la belleza de  la mujer fallecida, ya que mientras más bella haya sido en vida, más dicha proporcionará en la muerte.

Desgraciadamente, el negocio negro de “novias fantasmas” ha mudado desde los años noventa hacia el crimen. Ya no sólo desentierran para cerrar un gran negocio, ahora asesinan a mujeres para proporcionar felicidad a los difuntos y, de paso, hacer un negocio redondo.

Pareciera que estas prácticas nupciales son descabelladas a los ojos de la cultura occidental; sin embargo, en Francia, existe una curiosa y antigua ley en desuso que autoriza al presidente a consentir casamientos entre personas vivas y muertas. Tal es el caso de la artista neoyorquina Shishaldin, quien solicitó formalmente al gobierno de Francia, mediante una carta a su presidente Jacques Chirac, el permiso para casarse póstumamente con Isidore Ducasse, mejor conocido como el conde Lautréamont en 2004, 134 años después de la muerte del poeta. Shishaldin deseaba defender el matrimonio como la unión de almas y mentes, un matrimonio entre el arte y la literatura.

                         "Bello como el encuentro fortuito entre un paraguas
y una máquina de coser sobre una mesa de disección"
Conde Lautréamont
 
 
http://ecosdelacultura.blogspot.com

lunes, octubre 31, 2022

Lo que creo, J.G. Ballard.

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 Lo que creo, J.G. Ballard
Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para liberar la verdad dentro de nosotros, para contener la noche, para trascender la muerte, para encantar autopistas, para congraciarnos con los pájaros, para alistar las confidencias de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del accidente automovilístico, en la paz del bosque sumergido, en las emociones de la playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los aparcamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en las pistas olvidadas de Wake Island, apuntando hacia el Pacífico de nuestra imaginación.
Creo en la misteriosa belleza de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el brillo de su labio inferior; en la melancolía de los reclutas argentinos heridos; en las sonrisas embrujadas del personal de la estación de servicio; en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado vigilado por un empleado de estación de servicio tuberculoso.
Creo en la belleza de todas las mujeres, en la traición de su imaginación, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo encantados de los mostradores de los supermercados; en su cálida tolerancia a mis perversiones.
Creo en la muerte del mañana, en el agotamiento del tiempo, en nuestra búsqueda de un nuevo tiempo entre las sonrisas de las camareras de las rutas automáticas y los ojos cansados de los controladores aéreos en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en los órganos genitales de grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la princesa Di, en los dulces olores que emanan de sus labios mientras miran las cámaras de todo el mundo.
Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la locura de las flores, en la enfermedad almacenada para la raza humana por los astronautas del Apolo.
No creo en nada.
Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Duerer, Tanguy, el Facteur Cheval, las Watts Towers, Boecklin, Francis Bacon y todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del planeta.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en la intención asesina de la lógica.
Creo en las mujeres adolescentes, en su corrupción por sus propias posturas de piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en las huellas de su pudenda dejadas en los baños de moteles en mal estado.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que ha volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva consigo la sabiduría de estadistas y parteras.
Creo en la dulzura del cuchillo del cirujano, en la geometría ilimitada de la pantalla del cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la suciedad de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.
Creo en la luz proyectada por las grabadoras de video en los escaparates de los grandes almacenes, en las ideas mesiánicas de las rejillas del radiador de los automóviles de la sala de exposición, en la elegancia de las manchas de aceite en las góndolas del motor de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en el trastorno de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.
Creo en los diseñadores de las pirámides, el Empire State Building, el Führerbunker de Berlín, las pistas de Wake Island.
Creo en los olores corporales de la princesa Di.
Creo que en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el miedo a los calendarios, la traición de los relojes.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperación.
Creo en las perversiones, en los enamoramientos con los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más hermosas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.
Creo en el dolor.
Creo en la desesperación.
Creo en todos los niños.
Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, horarios de aerolíneas, señales indicadoras de aeropuertos.
Creo en todas las excusas.
Creo que todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en toda la ira.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.
Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la bondad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

 

 

Revista SMOG 1989

Revista Smog [1989] - DanielArgente Smog fue una histórica revista uruguaya de cómics y relatos de ciencia ficción y género fantástico , pu...